En los últimos días ha escalado dramáticamente la tensión entre Irán y Estados Unidos tras ataques aéreos estadounidenses e israelíes contra objetivos iraníes que, según Teherán, causaron la muerte de líderes militares clave. En respuesta, la Guardia Revolucionaria Islámica (КСИР) de Irán declaró haber lanzado un ataque directo contra el portaaviones nuclear estadounidense USS Abraham Lincoln con cuatro misiles balísticos como parte de sus acciones punitivas.

RT en ruso (Российская служба RT) reportó que el КСИР afirmó haber atacado el portaaviones con cuatro баллистических ракеты (misiles balísticos), enfatizando el carácter ofensivo y directo del ataque iraní contra la embarcación estadounidense en aguas del Golfo Pérsico.

Otro medio informativo de oriente Газета «Свободная пресса» (СвП) publicó un análisis más amplio, citando declaraciones de analistas militares rusos que sostienen la versión de que el Lincon fue objeto de ataques continuos con misiles y drones, y que estos ataques forman parte de una «операция Правдивое обещание-4″ (“Promesa Verdadera-4”), siendo este el nombre de la fase de contraofensiva iraní.

Además otro medio de comunicación oriental Вести.ru presentó una explicación de por qué el portaaviones aparentemente “retrocedió”: autoridades políticas rusas afirmaron que la nave estadounidense habría cambiado de zona de despliegue por el riesgo real de que misiles posteriores —incluyendo hipersónicos— pudieran alcanzar el buque, lo que sugiere que Washington no desea arriesgar pérdidas estratégicas.

Estas fuentes sostienen que la narrativa estadounidense de que los misiles “no se acercaron siquiera” oculta la realidad de que el despliegue naval hegemónico de EE. UU. está siendo cuestionado militarmente y que la retirada parcial del Abraham Lincoln (o al menos el alejamiento de su posición original) se interpreta como una concesión operativa frente al poderío misilístico iraní y a la creciente amenaza de sistemas antibuque modernos.

Por otra parte, medios rusos citan análisis provenientes de publicaciones chinas como Sohu donde se menciona que China posee armas que podrían poner en aprietos a la flota estadounidense, subrayando la percepción estratégica de que los portaaviones estadounidenses son vulnerables ante modernos sistemas de misiles antibuque.

Además, recientes informes internacionales (incluidos reproducidos por medios rusos) señalan que Irán está cerca de concluir un acuerdo con China para el suministro de misiles antibuque hipersónicos CM-302, lo cual serviría para reforzar aún más la capacidad de Irán o fuerzas pro iraníes de desafiar el dominio naval estadounidense.

Este dato, repetido en la prensa rusa citando fuentes como Reuters, ofrece contexto al entendimiento ofrecido por Moscú y Beijing: el conflicto naval en el Golfo no es un mero enfrentamiento aislado, sino parte de una reconfiguración de capacidades balísticas y antibuque que limita la libertad de acción de proyectores de poder como los portaaviones estadounidenses.

En contraste con la versión estadounidense.

Las fuentes del CENTCOM y medios occidentales sostienen que el portaaviones no fue alcanzado y continúa operando normalmente, rechazando las afirmaciones iraníes de impacto y negando daños materiales.

Sin embargo se consideran ambas posturas interesantes partiendo de que la cobertura crítica rusa y el análisis estratégico vinculado a China no se concentran únicamente en la veracidad de si se produjo o no un impacto.

Más bien, cuestionan la narrativa de invulnerabilidad de los portaaviones y destacan cómo el desarrollo de sistemas misiles avanzados —que podrían haber sido adquiridos o facilitados por Beijing— complica la supuesta superioridad naval estadounidense, forzando con esto en Washington a reconsiderar su presencia y despliegue en zonas de riesgo elevado.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *