Elaborado por: Juan Xicoténcatl
Estamos otra vez por aquí, con mucha inquietud por tratar un tema que nos va a influenciar demasiado y que será parte de los escándalos políticos donde reputaciones de años se destruirán en segundos, o personajes grises terminarán siendo los ganadores en aceptación.
Las imágenes, videos, audios y textos manipulados y creados por inteligencia artificial serán los caballitos de batalla en una guerra electoral.
Este escenario nos tocará ser parte e incluso ser influenciados para declinar hacia una opinión.
Sin embargo, en diferentes épocas se ha utilizado la tecnología como un medio de manipulación y enajenación.
Desde siglos atrás, las esculturas, pinturas y la escritura eran la forma de proyectar el liderazgo político; al llegar al siglo XIX, con el uso de la imprenta, se multiplicó la proyección de las figuras políticas hacia mayores masas sociales.
Ya en el siglo XX, fue mediante la radio, el cine y la televisión como se difundieron mensajes e imágenes mejor construidas, alcanzando audiencias de millones de personas.
En nuestro siglo XXI, el auditorio se triplica en los diferentes medios tradicionales, pero las redes sociales operan de manera más persuasiva y directa, con una mayor integración entre el líder y la audiencia.
Esto no solo se limita a la interacción, sino también a la manipulación del auditorio con tendencias y alteraciones en el número de alcance para llegar a más público.
Para ello se instrumentaron bots que operan de dos formas:
- Con intervención humana: gente reclutada para dar likes e interactuar con las publicaciones mediante comentarios asignados.
- Con bots automatizados: módulos programados para ejecutarse en cientos de equipos con cuentas apócrifas en redes sociales para hacerse pasar por humanos, así como ataques con virus informáticos que secuestran las plataformas para entrar en sus sistemas, alterar números y alcanzar a más público.
Esos son dos ejemplos de varios de cómo operan estos modelos. Sin embargo, el desafío actual es la aplicación de la Inteligencia Artificial con fines propagandísticos y de ataque para producir contenido irreal, en el cual se seguirán utilizando las redes sociales para su distribución y se recurrirá a los bots. Pero habrá una variante: los agentes de IA (módulos a los que se les asigna un trabajo o tarea) hackearán la conversación en redes sociales generando contenido no real que será muy difícil de diferenciar de la realidad
Hoy, con los servicios de la IA, es posible clonar la voz y manipularla con cualquier mensaje que se quiera compartir, generar videos e imágenes hiperrealistas a partir de fotos reales siguiendo un guión, o producir texto con gramática y ortografía precisa que podría hacer pasar al personaje más ignorante por un erudito. El fácil acceso a estos recursos de IA creará un panorama confuso y cruzado de ataques, donde las campañas políticas tendrán que destinar recursos humanos y económicos para el contraataque, manteniendo siempre a la mano un discurso para desmentir —e incluso para fundamentar— cuándo un contenido real pretende ser tachado de fake, destinando recursos para refrendar la verdad.
Las elecciones de 2027 serán un laboratorio de cómo se comportará el escenario para el 2030 en nuestro país. Para estos periodos que se avecinan será necesario tener criterio y perseverancia para informarse y no caer en la tendencia del engaño. Existen estudios sobre la IA que sostienen que la propia inteligencia artificial no es capaz de desmentir lo irreal. Por ello, existen iniciativas de las empresas que desarrollan estas plataformas inteligentes para que todo material producido por IA lleve un sello encriptado que ayude a identificarlo.

